Hay procesos que no se entienden.
Momentos donde haces lo correcto, crees en Dios, oras… y aun así, las cosas no salen como esperabas.
Y en medio de eso, es fácil pensar:
“¿Estoy fallando?”
“¿Dios se olvidó de mí?”
“¿Por qué esto se siente tan pesado?”
Pedro le habla a personas que estaban exactamente ahí.
No les dice que ignoren el dolor.
No les dice que finjan estar bien.
Les dice algo más profundo:
lo que estás viviendo tiene propósito.
Las pruebas no llegan solo para incomodar.
Llegan para revelar.
Revelan si la fe que tenemos depende de:
Y eso no siempre es cómodo. Porque el proceso confronta, quema, limpia. Pero no para destruirte. Para formarte.
Pedro usa la imagen del oro en el fuego. El oro no se arruina cuando pasa por el fuego.
Se purifica.
Y lo que queda… es más valioso.
Así también la fe.
Lo que hoy se siente como presión,
como espera,
como incomodidad…
puede ser el mismo lugar donde Dios está formando algo más firme dentro de ti.
Una fe que no depende de resultados rápidos.
Una fe que no se rompe cuando las cosas no salen como esperabas.
Una fe que permanece.
Y aunque ahora no veas todo claro,
aunque todavía no entiendas el porqué…
eso no significa que Dios no está obrando.
Significa que hay algo más profundo pasando.
Porque el proceso no siempre te está rompiendo.
A veces…
te está formando.
Y eso también es maná para hoy. 🌾
“Así que alégrense de verdad. Les espera una alegría inmensa, aunque tienen que soportar muchas pruebas por un tiempo breve…”
1 Pedro 1:6–9 (NTV)
Señor, en medio de lo que no entiendo, ayúdame a confiar en Ti. Cuando el proceso pese, recuérdame que no me estás abandonando, sino formando. Fortalece mi fe y enséñame a permanecer, incluso cuando no veo todo claro. Amén.