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Cuando Jesús entra en el caos

Hay capítulos de la Biblia que no se leen con prisa. Marcos 5 es uno de ellos.

Aquí no encontramos una historia bonita, sino vidas rotas: un hombre fuera de sí, una mujer avergonzada por su cuerpo, un padre desesperado frente a la muerte de su hija. Nada está en orden. Nada es limpio. Nada es fácil. Y aun así… Jesús entra.

Jesús no evita la región impura, no rodea el dolor, no se protege del caos. Cruza el mar y pisa una tierra que nadie quiere pisar. Porque donde todos ven peligro, Él ve personas.

El hombre que vive entre tumbas no es solo alguien poseído; es alguien que perdió su identidad. Nadie pudo ayudarlo. Nadie pudo dominarlo. Pero cuando Jesús llega, no le grita ni lo humilla. Le devuelve su nombre, su dignidad y su lugar.

La mujer que sangra desde hace doce años no pide permiso. No interrumpe. No exige.
Solo toca. Y en ese gesto silencioso ocurre algo sagrado: la impureza no se pega a Jesús; la sanidad fluye de Él.

Y mientras todo eso sucede, un padre espera. Jairo espera. Y la espera parece cruel, porque la noticia llega: su hija ha muerto. Aquí es donde Marcos 5 nos confronta con una verdad dura: Dios no siempre llega cuando nosotros creemos que debe llegar.

Jesús se detuvo. Jesús permitió el retraso. Jesús no corrió. Pero la muerte no tuvo la última palabra.

Jesús entra en la casa, toma a la niña de la mano y le habla con ternura. No con espectáculo. No con ruido. Con cercanía. Y cuando la vida vuelve, Jesús hace algo profundamente humano: pide que le den de comer. Porque la restauración no termina en el milagro. Continúa en el cuidado.

Marcos 5 nos recuerda que Jesús no solo sana cuerpos. Sana historias. Sana identidades. Sana procesos que parecían perdidos.

Y también nos muestra algo incómodo: no todos celebran la libertad ajena. Algunos prefieren que Jesús se vaya antes que enfrentar el cambio que Su presencia trae.

Pero si hoy estás cansado, herido o esperando, este capítulo susurra una verdad que no grita:  Jesús no le teme a tu caos. Jesús no se contamina con tu herida. Jesús no llega tarde.

Él entra. Él toca. Él restaura.

Y eso… eso es maná para hoy.

🙏🏽 Oración honesta

Señor, entra en las áreas de mi vida que están fuera de control. En las que evito mirar. En las que otros no entienden.

Tócame sin reproche, espérame sin apuro, y restaura lo que yo ya había dado por perdido.

Si Tú estás aquí, no necesito huir del caos. En el Nombre de Jesús, amén.