Cuando la fe todavía está aprendiendo a ver - Marcos 8

Escrito por Milca Peguero | Jan 13, 2026 1:47:10 AM

Hay etapas de la vida espiritual en las que uno ya no puede decir que no cree, pero tampoco puede decir que confía plenamente. Hemos visto demasiado como para negar a Dios, pero todavía vemos muy poco como para descansar del todo. Marcos 8 habla justamente de ese punto intermedio: cuando la fe existe, pero la mirada aún está en formación.

En este capítulo, Jesús sigue caminando con sus discípulos, sigue proveyendo, sigue sanando. Sin embargo, algo no termina de encajar. Las multitudes reciben el pan, pero no entienden el Reino. Los religiosos piden señales, no porque quieran creer, sino porque quieren controlar. Y los discípulos, aun después de haber presenciado milagros evidentes, vuelven a preocuparse por lo básico, como si la provisión pasada no tuviera peso en el presente.

Jesús advierte sobre la levadura que contamina desde dentro. No habla de pecados evidentes, sino de formas de pensar que poco a poco deforman la fe: la dureza religiosa, el deseo de pruebas constantes, la incapacidad de confiar. Luego ocurre algo desconcertante: Jesús sana a un ciego en dos etapas. Primero ve, pero ve borroso. Solo después del segundo toque logra ver con claridad.

Este no es un error ni una falta de poder. Es una enseñanza viva. La visión espiritual, muchas veces, no se recibe de golpe. Se forma. Se ajusta. Se madura. Hay personas que ya ven a Jesús, pero todavía no lo ven con nitidez. Caminan con Él, pero aún interpretan la vida con lentes viejos.

Más adelante, Pedro confiesa algo correcto: reconoce que Jesús es el Cristo. Sin embargo, cuando Jesús anuncia la cruz, Pedro se resiste. Quiere al Mesías, pero no al camino que implica sufrimiento, entrega y pérdida. Aquí Marcos 8 nos confronta con una verdad incómoda: reconocer quién es Jesús no siempre significa aceptar cómo obra Jesús.

Queremos fe sin proceso, gloria sin cruz, vida nueva sin muerte interior. Pero Jesús es claro. Seguirlo implica negarse a sí mismo, soltar el control y aceptar un camino que no siempre coincide con nuestras expectativas. No porque Él quiera hacernos daño, sino porque hay cosas en nosotros que no pueden transformarse si no estamos dispuestos a dejarlas atrás.

Marcos 8 no nos llama a hacer más ni a esforzarnos mejor. Nos llama a ver con mayor honestidad. A aceptar que la fe también pasa por etapas borrosas. A permitir que Jesús nos toque más de una vez, sin culpa ni vergüenza.

Si hoy sientes que tu fe no está ciega, pero tampoco ve claro, este capítulo no te condena. Te acompaña. Jesús no rechaza a quienes están en proceso. Solo confronta a quienes se resisten a ser formados.

Y eso también es maná para hoy.

Oración honesta

Señor, reconozco que hay áreas de mi vida donde aún no veo con claridad. He caminado contigo, pero sigo aprendiendo a confiar. Toca mi mirada otra vez. Ajusta lo que está torcido en mí. Enséñame a seguirte no solo cuando entiendo, sino también cuando el camino me confronta. Amén.