Hay mujeres que caminan por la vida sin hacer mucho ruido.
Y hay otras que han tenido que aprender a levantarse muchas veces con el corazón cansado y aun así seguir caminando.
Tú eres de esas.
La que ha cargado preguntas que solo Dios conoce.
La que ha atravesado noches largas donde la fe fue lo único que quedó encendido.
La que ha llorado en silencio y aun así ha vuelto a orar.
Porque cuando todo parece quebrarse,
Cuando los planes no salen y el tiempo pesa más de lo esperado, hay algo que permanece: La mano de Dios sosteniendo la historia.
Ser mujer no es solo ternura, ni solo fortaleza.
Es aprender a confiar cuando no se entiende el proceso.
Es creer que Dios sigue escribiendo aunque una página duela.
Es caminar con cicatrices y aun así seguir esperando los milagros que Él prometió.
Hoy no se celebra solo la fuerza ni la resiliencia. Se celebra la fe.
La fe de una mujer que ha decidido seguir creyendo, seguir amando, seguir esperando en el tiempo perfecto de Dios.
Porque cuando Dios está en el centro, ninguna historia termina en el dolor.
Solo está en proceso de redención.
Y las mujeres que caminan con Él nunca están solas.