No quiero confundir anhelo con dirección | Día 2 de “Señor, ordena mi corazón”
By
Milca Peguero
·
2 minute read

Una de las cosas más difíciles en la vida espiritual es discernir cuando el corazón está demasiado involucrado.
Porque cuando algo nos importa mucho, cuando algo toca un deseo profundo, una herida vieja o un anhelo legítimo, corremos el riesgo de empezar a leerlo todo desde ahí. Un gesto se vuelve señal. Una coincidencia se vuelve dirección. Una emoción intensa se vuelve “confirmación”. Y sin darnos cuenta, empezamos a construir una narrativa que no necesariamente vino de Dios, sino de nuestro propio deseo.
El problema no es anhelar. El problema es cuando el anhelo toma el volante.
El corazón es engañoso. Eso no significa que todo lo que sentimos sea falso o malo. Significa que el corazón humano, cuando no está rendido al Señor, puede interpretar la realidad desde el miedo, la necesidad, la carencia o la ilusión.
Y por eso necesitamos discernimiento.
-
No todo lo que toca el corazón viene para quedarse.
-
No todo lo que emociona viene de Dios.
-
No toda conexión es confirmación.
-
No toda posibilidad debe convertirse en esperanza.
A veces queremos tanto que algo sea, que empezamos a encontrarle “señales” por todas partes. A veces no estamos escuchando al Señor; estamos oyendo el eco de nuestro propio deseo. Y eso puede llevarnos a apegarnos, a esperar fuera de tiempo o a llamar promesa a algo que Dios nunca habló.
Pero Dios, en su misericordia, también ordena esa parte de nosotros. No se ofende cuando venimos y le decimos: “Señor, no sé si esto eres tú o soy yo.” Al contrario, ese tipo de oración revela madurez. Revela que no queremos vivir esclavizados por lo que sentimos, sino guiados por lo que Él realmente quiere.
Hoy quizá no necesitas una respuesta inmediata. Quizá necesitas hacer una pausa y rendir tu interpretación. Decirle al Señor: “Si esto viene de ti, confírmalo con paz y claridad. Pero si esto solo nace de mi anhelo, corrige mi corazón antes de que me aferre más.”
Porque un corazón ordenado no es un corazón sin deseos. Es un corazón cuyos deseos están rendidos a Dios.
Oración
Señor, no quiero confundir mi anhelo con tu dirección. Tú conoces las cosas que deseo, las posibilidades que me emocionan y las historias que mi mente puede empezar a construir. Hoy te pido discernimiento. Si estoy interpretando algo desde la carencia, corrígeme. Si me estoy aferrando a algo que no viene de ti, muéstramelo con amor. Y si hay algo que sí viene de tu mano, confírmalo en paz, claridad y verdad. No quiero dejarme guiar solo por lo que siento; quiero que me guíe tu Espíritu.
En el Nombre de Jesús, amén.
Frase clave
No todo lo que emociona al corazón viene de Dios; por eso necesito discernimiento.
Aplicación práctica
Haz una lista de las cosas que hoy estás interpretando como “señal”. Luego pregúntate en oración: ¿Esto me está dando paz, claridad y fruto espiritual… o solo me está activando más ansiedad?