No todo lo que se siente fuerte es amor | Devocional amar sin perderse
By
Milca Peguero
·
3 minute read

Con el tiempo he aprendido que, tal como dice la Palabra, el corazón es engañoso. En ocasiones, el corazón ve cualquier señal de afecto o de atención como si fuera una prueba de amor. Y yo no era la excepción. Eso me llevó a aceptar entrar en relaciones donde realmente yo solo recibía migajas, no el trato correcto que debe recibir una persona amada de verdad.
En mi proceso de búsqueda del amor, llegué a confundir muchas interacciones, muchos momentos y muchas palabras. Como he sido una persona que se apega fácil al afecto, muchas veces tenía la tendencia de sumergirme rápido en una espiral emocional. Incluso en dinámicas de dependencia. Las emociones fuertes me arrastraban, me daban esa sensación intensa, y yo me dejaba llevar. Pero la realidad era otra. No había una muestra real de amor del otro lado. Y eso me llevaba a vivir etapas de dolor, sufrimiento y situaciones de las que después me arrepentía.
Porque sí, hay cosas que se sienten intensas, rápidas, emocionantes… pero eso no necesariamente significa que sean amor. A veces lo que se siente fuerte no es amor:
- A veces es apego,
- A veces es ansiedad,
- A veces es carencia,
- A veces es una herida siendo tocada.
Y cuando una viene de vacíos emocionales, de rechazo o de mucha necesidad de afecto, es fácil confundirse. Es fácil pensar que porque algo se sintió profundo, entonces debe ser especial. Es fácil idealizar una conexión, sobreinterpretar palabras o asumir interés donde realmente no lo hay.
Hoy en día, con la ayuda del Señor, con la Palabra, con la oración y también con ayuda profesional, he aprendido algo importante: una cosa es tener perfiles y otra cosa es tener estándares. Y uno de mis estándares mínimos debe ser una muestra clara y explícita de interés.
Eso no significa que yo nunca pueda iniciar una conversación o tomar la iniciativa en algún momento. Claro que sí. Pero si del otro lado no hay reciprocidad, entonces ahí ya hay una señal. Porque una de las señales más evidentes de que no hay interés es cuando de allá para acá no viene la misma intención, el mismo ánimo, el mismo deseo de conectar. Y ahí es donde uno tiene que aprender a retirarse. No desde el orgullo. No desde la amargura. Sino desde el amor propio, desde la dignidad y desde la sabiduría.
e ha tocado aprender que no toda sensación es amor. Ni toda emoción intensa es el inicio de una historia bonita. Ni toda conexión tiene destino.
Por eso guardar el corazón no es cerrarse. Es aprender a discernir. Es no entregar acceso total solo porque algo te movió por dentro. Es entender que el amor sano no vive solo de intensidad, sino también de claridad, de consistencia, de reciprocidad y de paz.
Porque no todo lo que acelera el corazón merece entrar en él.
Versículo base
"Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.”
Contexto bíblico
El libro de Proverbios está lleno de consejos prácticos para vivir con sabiduría. No habla desde la emoción del momento, sino desde la intención de enseñarnos a caminar con discernimiento.
Cuando este versículo dice “guarda tu corazón”, no está diciendo que uno se vuelva frío, desconfiado o cerrado. Tampoco está diciendo que sentir sea malo. Lo que está diciendo es que el corazón necesita cuidado, porque de ahí salen decisiones, apegos, deseos y muchas cosas que terminan marcando el rumbo de la vida.
En otras palabras: si no cuidamos el corazón, podemos terminar entregándolo demasiado rápido, creyendo cosas que no son y llamando amor a lo que en realidad no lo es.
Pregunta para el corazón
¿He confundido intensidad, atención o afecto momentáneo con amor real?
Oración honesta
Señor, ayúdame a guardar mi corazón con sabiduría. Sana en mí toda área que todavía se apega demasiado rápido, que confunde atención con amor o intensidad con propósito.
Dame claridad para reconocer cuándo algo viene de un lugar sano y cuándo solo está tocando heridas que todavía necesitan ser tratadas.
Enséñame a no conformarme con migajas, a no justificar falta de reciprocidad y a no perseguir lo que claramente no viene hacia mí con la misma intención.
Quiero aprender a amar sin perderme, a discernir sin endurecerme y a cuidar mi corazón sin cerrarlo.
En el Nombre de Jesús, amén.
Este devocional forma parte de la serie “Amar sin perderse: fe, soltería y sabiduría”, un recorrido para aprender a vivir la soltería con fortaleza, sanar el corazón y buscar el amor con más discernimiento.
En el próximo devocional vamos a hablar sobre el peligro de amar para llenar vacíos.